El lago que aprendio a ser rosa
Hay lugares que parecen quedarse pensando antes de mostrar su verdadera cara; el Lago Retba es uno de ellos. No anuncia su belleza con arrogancia, sino con guiños: una brisa que trae un perfume de mar y sal, un brillo que se intuye detrás de unas dunas, y luego, sin prisa, la aparición de un color que no parece del mundo ordinario.
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